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¡Hola! Mi nombre es María Gabriela Castellano, tengo 30 años y soy de Venezuela. Tengo 2 años corriendo, debo decir que correr me cambió la vida por completo; nunca pensé, ni mucho menos imaginé que con sólo 2 años corriendo iba a hacer mi primer Ultramaratón de Montaña con una distancia de 52k.

Hasta ahora ésta ha sido la experiencia más reveladora, retadora e inspiradora que he vivido pues con esta carrera había estado soñando desde hacía un año, cuando fui por primera vez al evento participando en la distancia de 21k. Recuerdo que veía llegar a los participantes que habían corrido 52k y 80k y supe que tenía que vivir la experiencia, ese año mi esposo corrió los 52k por primera vez y nunca olvidaré sus ojos impenetrables…casi aún en la ensoñación.

Era el 11 de Octubre del año 2014 y a las 3am en punto dieron la partida de los 52k, había estado teniendo serios problemas estomacales (una especie de punzón en el lado derecho que no me permitía respirar profundo) una semana antes de la carrera; y a sólo horas del arranque, le dije a mi esposo que no iba a poder hacer la carrera; aunque parezca tonto me sentí destrozada pero él, con su empuje, me hizo tomar la determinación de que lo haría y que en el peor de los casos, abandonaría la prueba si realmente no me sentía bien.

Recuerdo que lo único que había en mi mente eran las ganas de simplemente disfrutar de la ruta, porque debo decir que la competencia se disputa por una de las costas más bellas del país con el mar de compañía y la montaña infinita, pero a su vez con uno de los climas también más duros (puede llegar a los 40 grados centígrados) y un desnivel brutal de subidas y bajadas, no por gusto la llaman “la montaña rusa del infierno”. Debíamos llegar al punto de retorno a los 26k donde te daban el brazalete que confirmaba que ya habías hecho la mitad de la prueba; estaba eufórica porque llegué en 3 horas 50 minutos a los 26k y me sentía muy muy bien, así que me tomé no más de 5min para comer, recargar el agua y regresarme (en este punto ya eran casi las 7am) como siempre dicen lo demás es regresarse, así fueron pasando kilómetro tras kilómetro y en el 47k el sol hizo mella en mi y tuve que parar con ganas de no continuar, ya estaba absolutamente agotada, con el sol abrasador de casi las 11 del mediodía y a lo único que me aferraba era saber que sólo faltaban los 5k más eternos de mi vida para llegar a la meta.

Así que las fuerzas salieron de mis piernas (puede ser ) pero más de mi corazón y completé la carrera con la que había soñado tanto tiempo y la que me hizo entrenar cada día, levantarme y hacer recorridos muy largos; jamás olvidaré cuando sólo faltaban metros al arco de llegada y ahí estaba mi esposo diciéndome con su mirada “lo lograste!” y yo en mis adentros le respondí “lo logré!” y por si fuera poco quedé 2da en mi categoría…fue un regalo adicional no esperado, pero lo dejé todo y ¡me llevé TODO!