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El plan sonaba sumamente atractivo, volar de México a Nueva York y de ahí a Palma de Mallorca, en España. Le pregunté a mi doctor si podía hacer un viaje tan largo y me dijo “¿por qué no?”. No sé, el embarazo, la presión, correr 10K con jet lag, yo qué sé. Pues nada, puras ideas mías y mejor opté por confirmar mi presencia. Yo solo sé que quería celebrar como yo debería el Día Internacional de la Mujer, trabajando y haciendo lo que me gusta: correr.

¿A ustedes correr les ha enseñado de la paciencia? A mi, sí y mucho. El viaje empezó con un retraso de hora y media a Nueva York, no lo sentí tan grave porque yo llevaba la pila bien puesta. Llegué más tarde de lo previsto y con un hambre feroz. Había comprado algunos víveres en el aeropuerto por cualquier cosa pero en este estado el apetito aumenta. Por fin, pude comer algo por ahí de las 9pm. Sin embargo, este viaje significaba mucho para mi porque iba con grandes amigos (de años) de Reebok y además, estaba en mi ciudad favorita: Nueva York.

Al siguiente día me tocó el lanzamiento del nuevo ZPump de Reebok, un calzado con la tecnología Pump (la cual probé hace muchos años y me encantó), el cual trae una válcula de aire que se adapta al tamaño del pie y encima, cuenta con una amortiguación, ligereza y comodidad fuera de serie. ¡De lo mejor que ha lanzado Reebok en running en los últimos años!

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Estuvimos dos días en NY, no pude correr porque nevaba muchísimo pero sí disfrutar de la ciudad. Llegué el martes y tenía que partir el jueves. ¿Y qué creen? La nevada retrasó mi vuelo a Madrid ¡4 horas! Ah, pero ahí salió a flote esa paciencia que me han enseñado los maratones. Dos horas de retraso en la sala de espera y dos abordo del avión. Eso sí, yo llevaba mis medias de compresión para que las piernas no se me hincharan y una actitud de maratonista para soportar cualquier cosa.

Por fin, aterrizamos en Madrid y perdí mi vuelo de conexión a Palma de Mallorca. Esperé otras 5 horas en el aeropuerto de Madrid. ¡Bendita paciencia! Pero yo estaba emocionada con encontrarme con Kathrine Switzer y todo el equipo del 261 Women’s Marathon. Llegué a las 6 pm a Palma y de ahí me esperaba una cena junto a Kathrine Switzer, el resto de periodistas invitados, los directivos de la Fundación Vicente Ferrer y el equipo organizador de la carrera. Los medios especializados de Europa estaban ahí y me sentí orgullosa de ser la única que iba de Latinoamérica y encima, que todos me felicitaran por haber lanzado mi www.syc.gmkweb.com

Al día siguiente recogí mi paquete de corredora en la Expo que estaba en el mismo hotel donde yo me hospedaba. ¡Qué expo tan linda! Pequeña, con detalles como manicure o corte de pelo y peinado, venta de producto para ayudar a la Fundación Vicente Ferrer, venta de libros de Kathrine Switzer y de accesorios orgánicos. De ahí me fui a la Pasta Party, en el Hard Rock Café, donde me encontré con gran parte de las corredoras de los 10k y maratón. Y otra vez, las sorpresas, había chicas que ya seguían a Soy Corredora pero nunca habían visto su cara. Resulta que muchas de ellas se acordaban de mi por el documental del 261 del año pasado y esta vez, empezaron a contarme sus historias, a hacernos fotos juntas y a decirme que les encantaba el sitio. ¡Yo no cabía de felicidad, jamás imaginé que al otro lado del charco tenía tan agradables seguidoras!

Y bueno, de ahí nos fuimos a la confererencia con Kathrine Switzer y Ana Ferrer, además de otras corredoras tan famosas como Dong Liu, récord actual en Asia en 800m con 1’55″54 y Vanessa Vega, una de las mejores corredoras de España, quienes compartieron sus tips para correr mejor y que por supuesto, aquí se los mostraré. Después de eso, a dormir, nunca quise adaptarme al horario de allá, así que entre las hormonas y el jet lag, mi sueño estaba un poco vuelto loco.

Mi hotel tenía vista al puerto, yo me despertaba y me acostaba agradeciendo todas las cosas buenas recibidas. Y el día de la carrera no sería la excepción. No pude dormir por culpa de un borracho pero caminé a la línea de salida con toda la actitud. Tomé mis números, el oficial que había firmado Kathrine Switzer y el de mi hija con corazones. Me los coloqué al frente y atrás, me llevé mi música, mis lentes, mi bolsita con llaves, dinero y celular, me puse una playera Voltaica rosa pegadita para que se viera bonita mi panza, mis tights Reebok y mis tenis Ultraboost de adidas, mucho bloqueador y me peiné con una trenzas.

Cuando sonó el disparo de salida, no podía creerlo. Aunque eran 10k a mi me parecía un maratón. Estaba ahí, sola con mi bebé, sin prejuicios, con la confianza de quien se entrena y agradecida con la vida. Empecé a correr, salí hasta atrás y comencé a rebasar corredoras (eso se siente bonito ¿no?) y muchas de ellas me decían: “anda tía, que a mi me hacen una cesárea aquí del cansancio y no estoy embarazada”. Había gente que en bici me alcanzaba para felicitarme mientras mi bebé y yo íbamos cantando. Cuando menos lo pensé, ya estaba en el kilómetro 9 frente a la hermosa Catedral, ¡quería llorar! Les grabé un video donde les conté lo que sentía y donde invitaba a todas las mujeres que corren que si un día quieren tener hijos corran embarazadas si su salud se los permite.

Casi llegando a la meta, varias seguidoras de Soy Corredora me echaron porras: “Vamos Sonia, que ese bebé será un gran corredor” y ahí estaba Kathrine, esperándonos. Crucé la meta en más de una hora obvio y cuando abracé a Kathrine sentí un alivio maravilloso, el abrazo de una guerrera, de la mamá de todas las maratonistas.

Frente a los medios de Europa platiqué de lo que significaba correr embarazada, Kathrine y yo nos tomamos fotos juntas, nos entrevistaron. Fue una experiencia maravillosa.

Pues bien, es la segunda vez que viajo al 261 Women’s Marathon & 10K y no saben la cantidad de aprendizajes que me traigo. Me encantan estas carreras con causa social y cero parafernalia, pero sobre todo, me emociona saber que formo parte de la generación de mujeres que nos empoderamos a través del deporte. Ojalá muchas en el mundo tuvieran la oportunidad que nosotras. Gracias Kathrine, gracias a todo el equipo y a la Fundación Vicente Ferrer por este gran regalo del Día Internacional de la Mujer.

Nos seguimos leyendo

Sonia

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