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Todo empezó porque quería lograr un récord personal en los 21 km y salí de la meta con el corazón y mucha energía.
Cuando llego al km 19 veo que la gente empieza a disminuir pero iba tan concentrada porque sabía que sí lograría mi objetivo, que no puse la atención necesaria y al llegar al km. 20 me dije “yo no pasé por aquí…”.A pesar de las dudas, seguí adelante y cuando veo un arco pensé “¡Ya llegué, y en 1:46, wow!”

Cruzo el arco y ¡no hay gente! “¿qué onda, qué pasó?” Me detengo y escucho que me recomiendan no detenerme y yo intrigada y sin entender del todo pregunto: “¿pero por qué si vine por 21 km?”. La respuesta me deja helada: “¡No, ésta es la ruta del maratón!”

Tomé agua, llamé a mi esposo —llorando porque me había equivocado de ruta— y me respondió, “¡hazlo!”, le marco a mi coach y no me contesta ya que estaba en una carrera; llamo a mi amiga Ilian González y al escuchar su voz le digo llorando: “¡Flaca, me equivoqué de ruta!” Como respuesta escucho lo mismo que me dijo mi esposo: “hazlo, Nancy, llevas buen paso; si puedes, ¡vete!”

No lo pensé mucho. Dije “ok, Nancy, ya estas aquí. Vámonos, no te puedes regresar en el km 22, ¿verdad?”. Retomé el paso nuevamente aunque seguía llorando, hasta que un señor en bici me alcanza en el km 24 y me pregunta: “Ibas para el 21, ¿verdad? Qué quieres: ¿una coca, un dulce…?” Y le contesto señor hermosito sí quiero Coca Cola y fue y me la compró. “Muchas gracias, le dije, señor hermosito”.

Ok, vuelta a la concentración. Kilómetros 25, 26, 27, 28, 29, 30… “¡Wow, estás en el km 30!” No lo podía creer; me sentía bien pero ya con las piernas cansadas. Siempre estuve pendiente de la hidratación; ya estábamos en parque Tangamanga Dos y saliendo una señora con bolsitas de coca me dio una y escuché aplausos y gritos de “¡tu puedes!”. Salí llorando del parque de la emoción y la gente afuera con fruta, dulces y refresco de cola. Tomé unas rebanadas de plátano agradeciendo a la señoras que te animan a seguir corriendo.

En la marca del km 37, Germeid Flores me alcanza sorprendida “¡Nancy! ¡Qué onda! ¿Qué haces aquí?” —Ja, ja, ¡Me equivoqué!—. Enfrente de nosotras un invidente corriendo me partió el alma y no pude evitar llorar de una forma que Laurita se espantó mucho. ¡Ja, ja, ja! ¡Eran tantas emociones, que lloraba de felicidad! Jamás fue sufrimiento, jamás.

Ya en el km 39 me dice Laurita “¡ya lo lograste, Nancy, aquí ya es un trotecito lo que falta; ya hiciste lo que tenías que hacer, vámonos!” En eso dos angelitos que la verdad no supimos de dónde salieron, empezaron a correr con nosotras hasta que Lau se adelantó y la acompañaron casi 1 km; después, así como llegaron, desaparecieron. Ya no los vimos. No sabemos qué fue de ellos.

Llego al km 41 y la gente estaba asombrada al escucharme gritar “¡es mi primer maratón, lo logré!”; y parecía que había sido la ganadora. ¡Ja, ja! Esos aplausos fueron mi mayor satisfacción. Me detuve en el tapete y empecé a bailar ¡ja, ja, ja! Cuando me abraza Lau solté ahora sí el llanto de satisfacción. ¡Lo logré, lo logré! SOY MARATONISTA.

Así terminaron mis primeros 42 km.

Nancy Martínez Cano

Educadora, nacida en Mexico DF en 1977, Madre de 2 niños hermosos, casada, corredora por vocación desde hace 5 años dedicada a mis hijos y convencida que el ejemplo del buen saber es el resultado del buen hacer @missrunning nan_si77@yahoo.com.mx