Empezaba el mes de agosto del 2016 y mi hermano siete años menor que yo, me invitó a correr juntos un 5k. Para ser honesta, me sentí aterrada aunque ya llevaba aproximadamente 1 año y 8 meses caminando al menos 5 días a la semana, escuchar la palabra “correr” me asustaba.
Desde los 6 meses de edad fui diagnosticada con asma, motivo por el cual nunca realicé ningún deporte durante la infancia y juventud. Aún me recuerdo sentada observando a mis compañeros en el tiempo de educación física, para mi el realizar ejercicio desencadenaba una crisis que me impedía respirar.
Pasando los 30 años probé algunos ejercicios como Pilates, bicicleta, pero fueron breves temporadas. Cada nuevo intento implicaba un gran esfuerzo porque mis pulmones no podían con la exigencia y tenía que ser todo de manera lenta y gradual.
Al cumplir 40 y con el inicio del 2015, empecé a caminar a una velocidad muy lenta, 30 minutos me parecían una eternidad. Poco a poco pude aumentar la velocidad y el tiempo de caminata, hasta que sin darme cuenta y después de un año, caminaba sin problema 10 kilómetros diarios cinco días de la semana mientras disfrutaba de las playas de mi ciudad.
Entre los beneficios que obtuve fue bajar 6 kilos, mantenerme en mi peso sin tener que preocuparme por lo que comía, pero lo mejor de todo es que mis crisis asmáticas desaparecieron.
Correr me atemorizaba, pues conocía bien la obstrucción respiratoria que se desencadenaba al someterme a esfuerzos físicos y a situaciones de ansiedad. Pero como soy una persona a la que le encantan los desafíos acepté, inicié trotando 10 minutos y así poco a poco fui incrementando los tiempos, siempre vigilando mis ritmos de respiración.
Fui conformando lo que llamé ¨mi plan de entrenamiento¨ y para finales de octubre (3 meses después) estábamos corriendo juntos mi hermano y yo sin problema nuestros primeros 5k.
Empezaba a disfrutar la satisfacción de probarme a mi misma, exigiéndome un poco más cada día, así que intenté seguir trotando de manera habitual por la playa, pero aproximadamente 20 días después me resfrié y tuve que parar, pues el clima frío y la brisa podrían complicar mi condición pulmonar y ocasionar un episodio asmático, así se llegó el fin de año y yo ya no entrenaba.
Fue el día 1 de enero de este 2017 cuando mi hermano de nuevo me lanzó un nuevo desafío y me dijo: “en marzo correremos los 21k¨, le presente todas las evasivas posibles (para eso soy buena), sin embargo, él no aceptó ninguna.
Al ver que no tenía opción empecé a documentarme lo más posible, leí por lo menos cinco libros para corredores, busqué planes de entrenamiento para principiantes en internet, vi todos los videos informativos posibles y un día para mi fortuna, encontré los Podcast de Soy Corredora, los escuché todos más de una vez, esto me llevo a la página oficial y a ser seguidora en Facebook.
Fueron en total 10 semanas muy demandantes para mí, pues además de mis labores cotidianas, de ama de casa, madre de familia y mi trabajo como maestra, debía buscarme el tiempo para entrenar y sin importar las condiciones climáticas, el cansancio y dolor por algunas pequeñas lesiones, tuve que salir y correr las distancias sugeridas e intentar recuperarme para ir poco a poco por más. La fecha estaba más cerca, sentía el nerviosismo de someterme a ese esfuerzo, pero rendirme no estaba considerado.
La primera semana de marzo recibí el correo electrónico que confirmaba mi inscripción al Medio Maratón de San Diego, California. Ya no había marcha atrás y aunque todo lo que me documenté durante este proceso indicaba que era una locura pretender correr un 21k sin haber participado en carreras de distancias menores antes, me sentía lista.
Vivir todo esto fue por demás emocionante, había completado un plan básico de 10 semanas, la última semana ya no debía entrenar, solo esperar el día de la carrera. Un sábado antes viajé a la ciudad de Tijuana para de ahí, acompañada por mi hermano, cruzar la línea fronteriza el domingo muy temprano pues la carrera daba inicio a las 7:00 a.m.
Llegamos  a tiempo, estaba aún oscuro, hacía frío y había mucha neblina, al intentar llegar para ubicarnos en nuestro espacio de salida era increíble ver a los más de 5,000 participantes que habían llegado por el mismo motivo que nosotros, correr los 21k, entre risas y bromas nos preguntábamos cómo habíamos llegado hasta ahí.
La carrera inició y fue ahí donde puse en práctica todo lo que había aprendido durante las últimas 10 semanas,  correr en negativo, disfrutar la ruta, llevar mi playlist, etc; corrí con mi cinturón de hidratación, en el pequeño bolso llevaba todo lo que podía necesitar durante las más de 2 horas que duraría corriendo.
Aunque no me considero deportista, me sentía como una profesional, pues apliqué todo lo que había aprendido, cuidé mi respiración, me hidraté, pero ante todo ¡logré mi objetivo! No caminé durante la carrera y terminé la distancia, pues a eso había ido, a correr mi primer medio maratón y finalmente portar con satisfacción mi medalla, el reconocimiento a mi enorme esfuerzo.
Si me preguntan porqué he escrito mi historia, les diría que porque he descubierto que nunca es tarde para vivir experiencias que te hagan crecer como ser humano, sigo sintiendo lo mismo en los primeros minutos, mucho temor, pero una vez que mi respiración se normaliza, sé que no me detendré hasta completar mi objetivo y al concluir, también siento la misma satisfacción al comprobar que dentro de mi existe una fortaleza capaz de sorprenderme día a día.
Convencida de seguir, ahora comprendo muy bien la expresión de estar enganchado al running y aunque de una manera improvisada después de estos 21k puedo decir con orgullo que Soy Corredora y que si yo he podido habiendo llevado una vida sedentaria por 40 años, entonces toda mujer que se considere valiente, disciplinada y dispuesta a abrazar la vida de una forma plena e intensa puede lograrlo.
Elvia Gaxiola

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