corredoras

Me gusta correr por las mañanas, es el momento perfecto para agradecer el día y de paso, revivir ese poder femenino que me hace sentir productiva. Veo a las demás corredoras cerca de mi y me da mucha curiosidad saber cuál es su historia.

Yo no concibo la vida sin correr, así entiendo mejor la vida. Ese es el encantamiento que solo los corredores y corredoras entendemos. Cuando corro junto a ustedes, me siento en casa en cualquier parte del mundo donde me toque estar.

Nadie, aunque tenga la mejor disposición y habilidad de encajarse en los pensamientos y la piel de una corredora, entenderá lo que el cuerpo experimenta hasta que lo viva en carne propia.

Y es que detrás de cada corredora siempre hay una historia de esperanza, solidaridad e ilusión que contar. Todas, sea cual sea la justificación por la que hayamos empezado, tenemos ese cúmulo de experiencias que al paso del tiempo, solo correr consiguió cambiar el tedioso e insípido mundo que nuestro cuerpo había percibido antes de dar el gran paso.

No es exageración, correr lo provoca. Las historias de las corredoras de esta página lo confirman. Chicas que como tú o como yo, han hecho de correr una parte de su vida, más no su vida entera. Ellas decidieron abrir la puerta de la adrenalina que emerge en cada entrenamiento, donde las endorfinas aplastan el pensamiento más aterrador que como humanos podemos padecer sobre nosotras mismas y que nos liberan para encontrarnos con nuestra verdadera esencia. ¡Es tan increíble leerlas!

Correr es un gran maestro, un camino viable para imaginar lo imposible y trabajar hasta conseguirlo, para enseñarnos que somos las únicas responsables de nuestros fracasos y de nuestros triunfos en cualquier área de nuestra existencia.

Un deporte individual que aunque ejecutemos en grupo, es completamente solitario, que permite que el ego resalte y nos provoque mareos por momentos cortos o largos, pero que al paso de los años, nos enjuicia y nos regresa a la realidad. Un gran ejercicio psicológico que pone en su lugar hasta la más alejada de su condición humana.

Correr nos deja soñar en silencio, con el sonido de nuestra respiración, una práctica que pocos se atreven a darle la cara.

Dirán que es aburrido, pero no lo es, hemos aprendido a resistir la tentación de los estímulos externos porque preferimos internarnos en la complejidad de nuestros pensamientos mientras corremos, no es fácil enfrentarse a uno mismo y a veces descubrir de qué estás hecho puede ser sorprendente y alucinante.

Hoy está claro que las que corremos por tratarse de un estilo de vida, inspiramos. ¿Cuántas veces como mujeres no hemos querido liberarnos de algo o hacer realidad un sueño y aquí, una como nosotras, nos dio una guía de cómo hacerlo? Esta es la magia de esta comunidad, hay solidaridad entre nosotras, hay apertura, ya no es un deporte inalcanzable, porque aunque podamos aspirar a un podium tampoco eso nos quita el sueño. Nuestro reto es ser mejor que ayer.

Gracias por atreverse vivir intensamente, por cruzar la línea de la desidia, por derrotar a los pretextos sin validez, por descartar el conformismo, por eliminar el miedo heredado y por inspirar día a día. ¡Me han hecho reflexionar y hasta llorar!

Y aunque está claro que correr no es la panacea, es una forma de cambiar y equilibrar vidas. Me despido con esta frase de Nelson Mandela,”el deporte puede crear esperanza donde antes solo había desesperación”.

Sigan mandando sus historias, ustedes no saben a quién le darán una ilusión. Por lo pronto, a mi me inspiran mucho y las traigo en la mente mientras corro. 

Sonia Chávez

Creadora de Soy Corredora

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