Cuántas veces no hemos escuchado o inclusive dicho que nadie tiene la vida comprada. Y cuántas tantas otras veces hemos dicho que la vida te puede cambiar en un suspiro. Nada más cierto, nada más real y nada más he vivido en carne viva.

Soy Fernanda Ramo corredora de 34 años de edad. Empecé a correr un poco por casualidad y un poco por muchas otras razones hace 6 años, aproximadamente. Un día me subí a una caminadora y me bajé 10 kms después. Ese día supe que era corredora, que correr sería parte de mi vida. Lo que nunca imaginé fue que correr sería lo que un día me salvara y le diera tanto sentido a mi vida.

El 28 de mayo de 2011 terminé un Triatlón. Terminé entera, contenta y feliz. Pensé que correr un maratón era por mucho más complicado y desgastante. Pero al final, tomé mi medalla, me bañé y me recosté a descansar un rato. Si alguien me hubiere dicho que a partir de ese momento mi vida cambiaría lo habría tomando, al menos, de loco. Pero sí, 30 minutos después de una siesta, mi vida cambió. Mis piernas no me respondían, mi sentido del equilibrio estaba alterado, no tenía coordinación en mis movimientos y como fueron transcurriendo las horas, inclusive mi vista me empezó a jugar trucos pesados. Estuve hospitalizada en Ixtapa con un diagnóstico de deshidratación. Debido a mi insistencia, rayando en necedad, decidí volar a la ciudad de México para ser atendida. Otro riesgo más con los cambios de presión. Al final y 40 horas después fui diagnosticada con un accidente cerebrovascular isquémico o INFARTO CEREBRAL.

Lo escribo en mayúsculas porque así lo viví. Como un evento MAYÚSCULO en mi vida. En ese momento me atacaron miles de miedos, incertidumbres y demonios. Mi primera pregunta fue “¿me voy a morir?” -Todo puede pasar en las siguientes horas.- “¿me voy a recuperar?” – ¨No sabemos hasta dónde porque pasó mucho tiempo hasta que te anticoagularon¨-“¿Caminar?” -Veremos-. Y, obvio, entre broma y aferrándome a un pedacito de aliento “¿Correr?” –Correr, de eso ni hablamos. Nunca más.-

Y en ese momento, esas dos palabras retumbaron con eco mi cabeza. NUNCA MAS. Repasé en mi cabeza el significado y cómo no lo encontré, tan pronto se fue el doctor de mi habitación me hice la promesa de volver a correr, y no solo eso, sino volver a hacer al menos un maratón. Nadie nunca le dice a una corredora que NO. Esa palabra, junto con el NUNCA, en nuestro vocabulario de corredor tiene el significado de ¿cómo carajos no?

Tuve un proceso de recuperación complicado, el cual estuvo definido por un sinfín de miedos y lágrimas internas que no me animaba a dejar rodar por mi mejilla. Escondía mi tristeza y desesperanza en una sonrisa que le recordara a la mujer del espejo que era guapa, que era fuerte, que era valiente. Sin importar que los demás, y algunos muy cercanos, dijeren lo contrario. Cada palabra de desaliento o mala cara se volvió un empujón en mi alma para desmostrar la mujer que llevaba dentro. Que seguía siendo la misma, aunque habían dejado de verla.

Mi refugio durante este tiempo fue correr. Había puesto mis ojos y corazón en una sola meta. Volver a ser corredora. Cada mañana que se enmohecía con tristeza por los muchos adioses que tuve que decir o miedos que tuve que enfrentar, la coloreaba con un par de kilómetros que recorrer. Hasta entonces mi mejor tiempo en 10km habían sido 47mins. Ahora podía recorrer 1.2kms en el mismo tiempo.

Y no me morí porque la vida quiso darme otra oportunidad. Y la manera que yo he encontrado de honrar la misma es haciendo esto de correr. Inspirar a que la gente lo haga. No por competir. No por demostrar. Simplemente porque correr es una declaración de vida, es un momento de reconciliación con uno mismo. Es ese momento en que yo tengo la oportunidad de decirle a muchos demonios que yo soy más fuerte. Mi camino desde hace dos años ahora es otro. Sobre todo porque ha tomado un nuevo significado y porque he encontrado y reencontrado a la gente que quiero que lo corra a mi lado. Hoy, sé que correr es un estilo de vida. No un deporte. La declaración de soy corredora resulta un lema de vida. Es una respuesta a las tantas incógnitas del diario.

Hoy, las razones por las que corro son otras por las que inicié. Hoy cuando tengo dudas, me pongo unos tenis para resolverlas. Si estoy triste, busco una amiga y vamos por unos kilómetros. Si tengo una alegría que compartir, la celebro con una carrera. Hoy, soy corredora porque disfruto celebrar mi vida con lo que me salvó de morir: correr.