Correr es tan complicado como quieras hacerlo. Tener cierta fatiga y cansancio después de entrenar es normal, pero ¿qué pasa cuando por más que quieres, sientes que ya no puedes dar más? Aquí te decimos lo que podrías estar haciendo mal.

  1. Ver todo negativo. El autosabotaje es uno de los principales obstáculos de una corredora. Frase como “nunca seré rápida”, “ya no tengo la edad”, “mis rodillas se afectarán”, “no soy tan buena”, “por más que quiero, nunca bajo mis tiempos”, entre otras, son totalmente destructivas. Esto te llevará a presentar cansancio y fatiga anticipada, elevar tu ritmo cardiaco, padecer tensión y rigidez muscular y por supuesto, lesionarte. ¿Qué hacer? Reconócete como una mujer poderosa, concéntrate en lo que has logrado, sonríe a la mitad de la carrera y sigue entrenando con constancia.
  2. No ponerte metas. Si quieres correr por gusto y las marcas personales no te importan, está perfecto, pero si sueñas con correr más rápido o alcanzar una distancia nueva, la realidad es que tienes que ponerte una meta y trabajar por ella. ¿Qué hacer? Planea metas a corto y mediano plazo, es decir, en las próximas semanas y en los siguientes 3 meses. Esto te ayudará a ser más realista con el trabajo que haces y constantemente tendrás motivaciones diferentes. ¡No hagas planes a un año o dos!
  3. Compararte con los demás. ¡Lo más injusto! Si eres de las que se pone a revisar o a preguntar cuánto hizo una compañera de equipo y medirte con ella, o peor, si te comparas con hombres, estarás agregando presión a tu entrenamiento. ¿Qué hacer? Evalúa si estás entrenando lo suficiente, si estás comiendo bien, si te hidratas correctamente, si tienes una actitud positiva…piensa en que cada quien tiene su ritmo y empieza a escribir tu propia historia, es decir, enfócate en lo que puedes controlar. Lo sentimos, pero ninguna corredora es igual a otra.

Pues bien, ¿qué te toca cambiar?

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