Superar el dolor en una carrera no es fácil, de hecho, a veces necesitamos de varias experiencias para lograrlo. Pero una vez que lo tienes dominado, tus carreras también te dejarán grandes lecciones. Aquí te dejamos 3 pensamientos comprobados por atletas experimentadas que te serán de mucha ayuda en esos momentos difíciles.

  1. Solo cree más en ti. La mayoría de las corredoras sabemos que el dolor es inevitable y que cuando llega, la mente es determinante. Si en tus entrenamientos te preparas para ese momento, dando un poco más cuando tus piernas están cansadas, cuando llegue la competencia no será difícil cambiar el chip en tu cabeza. Por ejemplo, a mi me ayuda que cuando termino una sesión de entrenamiento, hago 10 repeticiones de 100m, esto le permite a mi cabeza adaptarse a esa sensación de cansancio y dar un extra aún cuando parece que no lo conseguiré. Inténtalo, tú puedes, solo cree más en ti.
  2. Dale la vuelta. ¿Te ha pasado que en el último kilómetro sientes que las piernas no te responden? ¿O que te da la famosa pared en el kilómetro 8 en una carrera de 10k? Pues bien, a mi me ha ayudado mucho el cambiar mis pensamientos negativos por positivos, es decir, en lugar de decir: “ya no puedo más”, digo: “el último kilómetro y se acabó”. En mi último maratón me dolían mucho las piernas y cuando faltaba solo una milla, pensé que eran los últimos metros de aquella maravillosa experiencia y debía disfrutarla, llegué llorando a la meta de felicidad. Cambiar el enfoque de lo que hacemos nos distrae del dolor y nos permite seguir, incluso con más emoción.
  3. Relájate física y mentalmente. La magia de correr radica en que nada está escrito, una carrera siempre tiene sorpresas que la hacen más emocionante. Pensar que siempre te va a salir todo bien o que todo te va a salir mal, no es correcto, sin embargo, relajarte no solo físicamente sino mentalmente te ayudará a lograr tu meta más fácilmente. Por ejemplo, a veces empiezo a tensar la espalda alta y a agacharme al correr, entendí que si dejo de agobiarme y me enderezo y en lugar de ver el piso veo al frente, sonrío de inmediato y me relajo de inmediato. Mi llegada a la meta siempre es distinta porque ya no voy pensando en que no podré llegar como quería, sino que me concentro en el presente y cuando menos lo espero, el dolor desapareció.

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