Bajar de peso no tendría que ser tan complicado si hay hábitos que sigues al pie de la letra. La nutrióloga y corredora, Mariana Camarena, nos comparte sus consejos, en los cuales no es necesario someterte a regímenes estrictos o hacer dietas locas.

  1. Desayuna. Existen infinidad de tipos de desayunos, lo importante es que se adapte a tu peso, estilo de vida, edad, sexo, nivel de actividad física, etc. Pero lo más importante es que sea rico en proteínas bajas en grasa como huevo, pollo, pavo, queso panela o cottage, así controlarás mejor tu apetito a lo largo del día. Básico para bajar de peso.
  2. Cómete un yogurt todos los días. Hay de yogurts a yogurts, el que yo te recomiendo es el griego, bajo en grasa y sin azúcar. Este tipo de yogurt aporta más proteína que los tradicionales, ayudándote a tener mayor saciedad y con ello mejor control sobre lo que comas entre comidas. El calcio de los lácteos reduce la absorción de grasa a nivel intestinal y eso se ha relacionado con una mayor pérdida de peso.
  3. Haz ejercicio 3 veces por semana. Tener un peso adecuado es difícil si no haces ejercicio, sobretodo porque la masa muscular es la encargada de mantener activo el metabolismo. Si logras subir un kilo de masa muscular, seguramente bajarás más de 1 kilo de grasa, te harás más fuerte y estarás en constante quema de grasa, lo que te llevará a un peso adecuado. De los 3 días de ejercicio que hagas semanalmente, trata de alternar cardio y fuerza y un día haz intervalos. El músculo te hace bajar de peso más rápido.
  4. Duerme 8 horas. Mientras dormimos secretamos hormonas que ponen en sintonía nuestro metabolismo. Las hormonas que regulan el apetito y la saciedad (leptina, grelina, insulina) se fabrican mientras dormimos. Lo dice Jacob Teitelbaum, “las personas tienen un menor sentido de saciedad si no obtienen suficiente sueño”.
  5. Bájale al estrés. El estrés es la madre de todos nuestros males. El cortisol, hormona que libera glucosa a la sangre, se fabrica bajo condiciones de estrés. Al estar sedentarios, la glucosa no se usa y se almacena en forma de grasa. Por otro lado, el estrés desequilibra la serotonina, dopamina y endorfinas, lo que produce un antojo por carbohidratos y alimentos ricos en azúcares. Razones suficientes para no lograr mantener un peso adecuado, ¿no te parece?

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