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¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando va a correr con calor?

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Correr con calor es algo común en verano y cada vez se va haciendo más habitual en otras estaciones del año. Sigue estas recomendaciones.

Con suficiente preparación, hidratación y conscientes del esfuerzo que se está realizando, se puede trotar de forma segura con altas temperaturas. Pero es importante señalar que la adaptación requiere mucha preparación y aclimatación. Correr con calor no es un ejercicio recomendable sin un entrenamiento completo.

Nadie, que no se adapte a correr con más de 30ºC, está exento de riesgos. Puede causar deshidratación, calentamiento excesivo que puede derivar en calambres musculares, sudoración excesiva, dolores de cabeza, náuseas, cansancio y mareos. 

Tu rendimiento como atleta puede verse afectado con la alerta naranja (arriba de 32ºC). Además, puede que no seas capaz de correr al mismo ritmo o la misma cantidad de kilómetros que en otras condiciones climatológicas.

Más allá del rendimiento, las temperaturas extremas (sensación térmica cercana a 40ºC) pueden tener consecuencias para la salud como agotamiento por calor o golpes de calor. Esto se puede evitar si se escucha al cuerpo y se toman precauciones para no dejar que suba mucho la temperatura corporal, como beber suficiente líquido para mantenerse hidratada, evitar correr en las horas de más calor del día (entre las 11 de la mañana y las 3 de la tarde), llevar ropa deportiva ligera y transpirable, y bajar el ritmo.

Por tal motivo, a la hora de preparar el plan de entrenamiento, hay que considerar un tiempo de aclimatación a las altas temperaturas que puede rondar los 14 días, y ponderar las sesiones de base por encima de las de calidad. El cuerpo funciona mejor cuando el termómetro corporal se mantiene en los 37 ºC. La temperatura aumenta cuando se corre con calor, así que, para ayudar a mantenerla controlada, el cuerpo empieza a sudar ayudando así a evaporar el calor excesivo. Hay que tener en cuenta, que la transpiración provoca pérdida de agua en la sangre y puede llevar a la deshidratación.

Para ayudar a la sudoración, los vasos sanguíneos se dilatan para bombear más sangre a la dermis y así se regula la temperatura. El problema es que llega menos riego sanguíneo a los músculos que se encuentran trabajando. Esto a su vez exige mucho más al organismo y sobre todo al corazón. Como resultado, la sudoración puede llevar a deshidratación y a que baje el rendimiento (a igual esfuerzo).

Cuanto más caluroso es el ambiente, mayor es la dependencia de la sudoración y de la evaporación del calor para regular la temperatura corporal. Lo normal es transpirar hasta un litro por hora cuando se hace ejercicio en lugares de mucho calor (esta cantidad puede aumentar hasta más de cuatro litros según la persona).

Los humanos, a diferencia de otras especies, están diseñados para regular la temperatura corporal. Esto les permite recorrer largas distancias corriendo aunque haga calor. Con una exposición regular a las altas temperaturas, el cuerpo aprende a adaptarse y se reducen las tensiones que puede sufrir. Esta adaptación del organismo incluye aumento de la tasa de sudoración y del volumen sanguíneo y disminución de las pérdidas de electrolitos en el sudor. También reducción en el tiempo de recuperación, mejor regulación de la temperatura corporal, así como una disminución de la frecuencia cardíaca y de los niveles de esfuerzo percibido.

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