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El pasado 15 de diciembre del 2014, me fue diagnosticado cáncer de endometrio tipo II, fue una gran sorpresa para mi entonces esposo y para mi, ya que este diagnóstico se dio después de muchos estudios ya que no lográbamos embarazarnos.

Muchos decían que era porque ambos teníamos sobrepeso pero al final fue por una serie de miomas y estrés. La noticia fue como un balde de agua fría para los dos, pensábamos que tal vez mi matriz se podría salvar con radio o quimioterapia pero los oncólogos insistieron en que se debía de sacar incluyendo los ovarios, lo que daba fin a nuestro sueño de ser padres biológicos.

Quedaba pendiente definir en qué fecha quería ser intervenida, si antes de que terminara el año o al inicio del siguiente pero no podíamos dejar pasar mucho tiempo.

Recuerdo haber pasado todo ese día callada, llorando, preguntándome por qué y culpándome erróneamente a mi misma, incluso pensando que los rencores que había tenido en la vida eran la causa de mi cáncer.

Incluso ya me visualizaba sin cabello, demacrada, débil, por lo que le dije a mi marido: “esto que viene es muy fuerte, ya lo he vivido con mis abuelas y mi abuelo paterno así que si tú quieres hasta aquí llegamos juntos”. (Yo había sido voluntaria del hospital en el área de oncología muchos años atrás y sabía a lo que me podía enfrentar y también donadora para pelucas oncológicas en varias ocasiones). Su respuesta fue NO, con los ojos llenos de lágrimas me dijo: “yo voy a estar contigo y pasaremos lo que tengas que pasar juntos hasta que todo regrese a la mayor normalidad posible, yo quiero estar junto a ti”.

Días después, ya más tranquila, decidí que el primer día del siguiente año me internaría en el hospital para que el día dos fuera intervenida, cabe decir que el oncólogo me dijo que no sabía qué tratamiento me daría después, primero tenía que operarme.

Tenía miedo, incertidumbre y mucha tristeza, creo que fueron 15 días de vivir la vida como zombie. No sabía cómo decírselo a mis hermanos y a mi mamá. Sin embargo, ellos lo tomaron con fuerza y con ganas de apoyarme siempre.

Mi papá ya lo sabía porque él trabajaba en el mismo hospital en donde me trataban. Para Navidad y Año Nuevo yo estaba deshecha, ya que además, en ninguna de las dos fechas estuve acompañada de mi entonces esposo, con el pretexto de que su papá era muy grande y que no sabía si el siguiente año lo podría disfrutar. En ese momento yo no quería más que estar en paz así que no le di tanta importancia y pasé ambas fechas con mi madre.

La operación  fue un éxito y la biopsia descartó metástasis, así que la situación me relajó un poco aunque era una mezcla de tristeza por no poder ser madre y de alegría por estar viva y superando mi genética oncológica.

Estuve en el hospital aproximadamente 5 días, después inició una cuarentena sin poderme mover casi nada ni pararme por mi misma por la herida que tenía, bajé 15 kilos en un mes y al término de ese mes mi esposo me dijo que no era feliz e inicié los trámites de divorcio. No hubo mas explicación, casi 8 meses después me enteré que estaba saliendo con otra persona desde antes de descartar mi cáncer. Fue una gran decepción pero hoy puedo decir que es lo mejor que me ha sucedido es ESTAR VIVA.

En abril ya me autorizaron iniciar de nuevo con el ejercicio, había sido nadadora toda mi vida, ciclista desde hace 20 años  y corredora desde el 2006. Extrañaba mucho el deporte. Mis hermanos me animaron a inscribirme en el medio maratón de Walt Disney World de enero del 2016 (que será mi tercer medio maratón), así que empecé a entrenar desde cero. Primero 5K, luego 10K y ahora estoy ya en el entrenamiento de 21K, con tiempo justo para correrlo.

Hoy junto con un grupo de amigos estamos enfocados en llegar bien entrenados al medio maratón. Y mi plan es correr el completo de la ciudad de México.

Correr me ha devuelto gran parte de mi paz y hoy me ayuda a superar una situación sentimental que para mi fue muy fuerte y dolorosa, ya que hasta socios de una compañía fuimos, así que mi vida cambió en muchos sentidos este año.

Hoy sé que todo pasa y cambia y que son lecciones de vida, no sé si tenga un propósito específico en esta vida como todo mundo dice, pero sé que quiero ayudar a los que sienten la misma angustia que yo sentí cuando me diagnosticaron.

Hoy solo puedo decir que mi familia, las amistades y el deporte así como una alimentación muy sana son mis pilares de vida, que tengo una visión del mundo diferente y de vivir cada día como si fuera el último y que también siento miedos que he aprendido a manejar cada vez que tengo mi revisión bimestral oncológica.

Aurea P Miranda Z.