Correr. Mi idea de correr era prácticamente jugar carreritas hace 20 años. Pero como todo, correr llegó a mi vida en el momento correcto y sin duda, para dejarme cosas increíbles.

Un poco por curiosidad o más por una especie de envidia. Quería sentir eso que mis amigos corredores me platicaban, quería entender la intensidad y la pasión con la que hablaban de correr.
Hace 2 años me paré en una esquina para ver a mi mejor amigo por primera y última vez correr un maratón. Hoy me queda claro que la vida te pone en los lugares correctos, en los momentos precisos. Hoy, él es mi compañero en cada carrera y estoy segura que está muy orgulloso de mí.
Un par de meses atrás, me entró uno de esos ataques que yo llamo de “ansiedad bien canalizada” por hacer algo nuevo en mi vida, y como dicen: “pide y se te concederá”. Apareció NIKE y Alma Peña (responsable de todo esto, ¡de gran parte de mi felicidad!) y Shankha, mi hermoso equipo. El reto era correr un medio maratón en tres meses y repito: ¡yo no corría ni por las chelas!. Y aunque nunca he sido muy deportista, si soy muy necia, así es que los corría porque los corría.
Para contar lo que fueron esos tres meses podría escribir un libro. Lo que sí puedo decir es que lloré, hice berrinches, me enojé, me reí, me lesioné, me asusté y, finalmente, corrí 21km, con un esguince que me tuvo en crisis existencial una semana antes de mi carrera.
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La experiencia fue sin duda lo mejor que he hecho en mucho tiempo. Correr me ha hecho levantarme a las 5 am (cosa que también era impensable), hacer nuevos amigos, tener una nueva actividad con mi perro, conocer lugares divinos, ser más productiva, sentirme más fuerte, relajarme, enfocarme, disfrutar, pero también me ha hecho llorar desesperarme, sentirme agotada y más de una vez: ¡lo he odiado!
He querido dejarlo y he pensado muchas veces: “¿qué estoy haciendo aquí?”… Al día siguiente estoy otra vez corriendo, y nunca me arrepiento de hacerlo. 
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Así es que supongo que sí, ahora soy una runner. No soy maratonista, no sé de tiempos y no devoro libros sobre correr –no todavía–, no vivo para correr. Yo sólo corro porque quiero, por mí y para mí. Porque cuando no corro, lo extraño… Y como buena runner tengo que decir que correr me ha cambiado la vida y me ha dado más lecciones que muchos libros y terapias. Correr ha sacado mi lado más fuerte y más vulnerable, esa sensación extrañamente hermosa.
Gracias vida, universo, dios, pachamama, destino, lo que sea… Gracias Carlos Temores por correr a mi lado, Alma Peña por convencerme de intentarlo, Shankha por ser el mejor equipo que puedo tener y gracias a Eric, mi coach, que es el hombre más paciente que conozco.
Pero sobre todo, gracias a mi mente y a mi cuerpo por darse la oportunidad de vivir esto.
Cynthia Buttenkeppler
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