Aquí mi historia de cómo comencé a correr. Todo empezó cuando mi vida no estaba yendo por un camino adecuado, me sentía sumamente deprimida, sin amigos, infeliz con mi apariencia y sumida en mi depresión, creyendo que estaba sola era porque nadie me quería.

Esa época la recuerdo como un rato amargo donde no era feliz con nada, donde cargaba con 20 kilos extra y culpaba a los demás por no estar conmigo.

Pero la verdad era que nadie podía amarme de la manera que esperaba si no lo hacía yo primero, fue entonces que decidí, por influencia de mi hermana, irnos a correr la mañana de aquel lunes de abril del 2015 en la mañana. Nos fuimos 2 semanas seguidas donde según yo me atormentaba con esos 4km diarios con subidas mortales y bajadas. Yo no era muy fan de correr, ya que me costaba mucho respirar y me dolían las piernas, literal quería renunciar. Pero eso no fue necesario, ya que cuando me dejó sola porque volvió a trabajar, me fui yo, cada día para hacerme de un hábito, retarme y decir que podía hacerlo.

Yo recuerdo que nunca era constante en algo, siempre renunciaba cuando las cosas se ponían difíciles; pero esta vez no me lo permití, deseaba saber qué se sentía por una vez en la vida lograr algo por salud. Seguí esforzándome para poder avanzar, debía ir por esos primeros 5km, que aunque me costaran, los iba a lograr como fuera. Así que me aventé sola, solo hacia mis 4-5km, sin combinar con otros ejercicios, velocidades, cuestas o algo similar, la verdad no sabía mucho sobre combinar entrenamientos.

Una amiga me invitó a mi primera carrera Trail 5km y no muy segura, me aventé porque ahí participan puros profesionales, los mejores de cada ciudad que vienen al charco. Y ahí voy a aceptar el reto de mi amiga, ese día estaba muy nerviosa, demasiado diría yo, y se notó en el arranque de salida, todos salieron súper rápido y yo fui de las últimas. Me costó mucho arrancar tan rápido como ellos, y en cuanto me quedé sola me frustré y quise abandonar, iba más despacio, sabía que tardaría en llegar pero mejor preferí disfrutar el ambiente y dejarme llevar por la mente y no por las piernas que iban súper cansadas y me faltaba el aire; de verdad la sufrí mucho; tarde como 45 min en llegar, mientras los demás cómo 20-25 Min.

De ahí me dije: tengo que entrenar más para ser más rápida porque así no voy a llegar muy lejos. Yo seguí yendo diario a correr, con el tiempo fui agregando 1-2km más de lo que podía, porque me seguía constando pero no abandoné incluso cuando más agotada física y mental estaba. Ese año terminé con 2 carreras, más una en Celaya de 5km con mi primer medalla y otra de 2.5km nocturna y con lluvia, la cual disfrute muchísimo y más por ser con más chavos que yo. Mi 2015 lo terminé corriendo y sabía que era solo el principio.

Se llegó el 2016 y a principios de ese año me lesioné de la tibia al ir corriendo, pensé que sería lo peor que me podía pasar iniciando el año y tuve que reposar 2 semanas por descanso médico y recuperarme. Claro que no aguanté mucho para volver a entrenar y eso me trajo consecuencias más adelante, me seguía doliendo al correr y me dio malos ratos en un par de carreras, pero así llegara de rodillas yo iba a llegar, no me gusta rendirme y menos cuando las cosas se ponen difíciles.

Entre mis metas estaban los 10km y los 21km. Cada una de ellas me implicó muchos esfuerzos, desde levantarme temprano, apegarme a un plan de entrenamiento que implicaba seguirlo si quería llegar entera a la meta y hacer lo que me pedía; combinar entrenamiento, velocidades, cuestas, distancias, escalinatas y otro ejercicio para fortalecer las demás partes del cuerpo. Así que leí más al respecto, busqué opiniones, y me aventé de nuevo sola.

La carrera de 10km me cambió tanto, todos aquellos límites que tenía se fueron, me sentía capaz de superar cualquier cosa y me animé gracias a mi hermana por esos 21km, muy temidos por mí. Sabía que sería difícil, que implicaría más esfuerzo y más disciplina. Tenía demasiado miedo, porque apenas llegaba a los 10km muy cansada y sedienta, debía poder; pero esta vez había que trabajar la mente para poder superarme cuando más cansada me encontraría.

Me preparé 3 meses haciendo el kilometraje que decía mi plan y aún cansada por el trabajo del día anterior me animé y me fui a correr. Me aventé a las distancias en esas subidas tremendas de mi ciudad y aun cuando me costaban, las hacía; no eran los tiempos más rápidos pero me sentía súper orgullosa una vez que lo lograba.

Pasaron los días y el gran día llegó, me dispuse a correr con las piernas los primeros kms, con la mente los más difíciles, del 10-19 y con él corazón los últimos 3. El día de la carrera iba nerviosa pero debía seguir, me costó por el clima y la ruta y me dije: “no entrenaste tanto para renunciar hoy” y así fue que llegué a la meta y sentí una satisfacción increíble, me sentía invencible.

Pero vi él tiempo y no fue tan confortante y pese a todo lo había logrado. Vi a mi hermana y fue el mejor regalo que me pudo pasar. Recogimos la medalla y nos fuimos al área de recuperación. Nos fuimos a casa con nuestra madre, quien se sentía muy orgullosa y soltó unas lágrimas por lo mismo. Ese día cambió un chip en mi mente donde ya no existen los límites físicos, todo se puede con esfuerzo para ello.

Sigo corriendo desde entonces meses después y la verdad me está costando un poco retomar mi condición, debido a que me he lastimado el talón en varias ocasiones y he debido suspender el entrenamiento un par de semanas, además de enfermarme de gripe que me tumbó una semana, pero sigo con la mente fuerte esperando recuperarme para poder iniciar este año que espero sea lo mejor, porque así lo deseo y lo quiero obtener. Me esperan muchas cosas y aunque no me gusta pensar mucho en el futuro prefiero mantenerme enfocada en lo que hoy necesito hacer para ser mejor el día.

“Todo es posible si se cree en una misma”, para alcanzar las pequeñas batallas que nos pone la vida día a día hay que dejarse de pretextos y miedos y salir a enfrentarlos. Este es solo el principio de una historia en mi vida como corredora y lo que viene es mucho mejor.

Si yo pude, cuando más cansada, triste, adolorida me sentía y me iba cada mañana a correr, por mero placer y por vencerme a mí en cada kilómetro todo por sentirme mejor conmigo sin esperar la aprobación de nadie, creo todas podemos hacerlo, solo es cuestión de querer hacerlo por una y nada más. Las cosas buenas tardan en llegar, pero al obtenerlas no hay satisfacción más grande como haberlas obtenido.

Así que no lo pienses y sal a vencer a esa mente que te dice que “no puedes y que no eres capaz de esto”. Créeme yo la vencí y entendí que todo se puede con un poco más de esfuerzo.

Atte. Su servidora corredora de corazón Liz Luna, que esperando estar lista para sus siguientes retos corriendo y aprendiendo más sobre sí misma.

ELIZABETH SANABRIA LUNA, 26 AÑOS, CONTADORA PERSONAL, ESCRITORA, SOÑADORA Y AMANTE DE SI MISMA Y DE LA VIDA.

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