“La tolerancia al dolor también se entrena y ayuda mucho”, fue una de las primeras frases que me dijeron cuando empecé a correr. Yo creo que se me quedó muy grabada en la cabeza que constantemente me daba hasta orgullo decir que era “bien aguantadora”.

Diversas investigaciones demuestran que los corredores no solo entrenamos el cuerpo, la mente también hace lo suyo y existe una parte de nosotros mismos que nos lleva a romper una marca o no, nuestra tolerancia al dolor. En lo personal, he aprendido a lidiar con él que tengo todos los remedios inmediatos a la mano para hacer uso de ellos cuando la situación lo requiera. Digamos que conozco bastante sobre el origen de las lesiones más comunes en los corredores, así que procuro evitarlas y si me llegan a pasar, actúo al instante. Desde una pomada hasta las terapias de frío-calor, sesiones de crioterapia o bien, un tratamiento psicológico por si en algún momento estoy somatizando una emoción.

Pero esta vez, apareció una lesión que no tiene nada que ver con correr y me ha pedido que deje de hacer ejercicio por unas semanas.

Empecé a buscar especialistas en Guadalajara, desde hace unos meses vivo acá y como no iba a hacer un viaje a CDMX donde ya tengo a mis preferidos, decidí buscar a quien me ayudaría a aliviar la tensión en el cuello y espalda alta.

Después del 21k GDL, me quedé con una rigidez espantosa en esa zona, de inmediato busqué ayuda y lo que encontré fue lo siguiente. No se me quitó con masaje así que acudí con un quiropráctico que no resolvió el dolor sino que lo acrecentó y busqué otra opinión. Me fui con un fisioterapeuta que me pidió dejar de correr por 6 meses y no alivió mi dolor, me dijo que trabajara la parte mental y lo hice pero la molestia aumentó. Con el tercer fisioterapeuta se me quitó el dolor de inmediato pero a la semana regresó, su diagnóstico: debilidad muscular. Me mandó a nadar, a hacer yoga pero estaba prohibido correr.

Después de la última consulta, un dolor terrible me despertó por la noche y busqué un traumatólogo, mi amiga nutrióloga, Margarita Posada, me recomendó acudir a MedyArthros. Me revisaron y después de una radiografía, detectaron un esguince cervical. ¿De cuándo? No sé. No he chocado.

El diagnóstico refleja una mala postura derivada probablemente del tiempo que he pasado frente a la computadora. ¿Cómo? ¿Me está alejando de correr una lesión que no tiene nada que ver con ello?. Mi umbral del dolor es tan alto, que muchas veces minimicé el problema tan recurrente que venía padeciendo los últimos 8 años. El dolor de espalda alta aparecía con frecuencia ¡pero los masajes me lo quitaban! Hoy sé que no escuché a mi cuerpo como debía.

¿Qué quiero decirles con esto? Que a veces somos muy cuidadosos con respecto a las lesiones más comunes que como corredores podríamos tener, pero ¡lesionarte el trapecio no es de corredor! ¿El cuello? ¡Pero si corro con las piernas!. Yo solo me he lesionado dos veces en mis 25 años como corredora: una de las rodillas hace más de 20 años y otra hace 8 años de fascitis plantar. Otra vez, escuchemos al cuerpo porque a veces las lesiones no tienen que ver con nuestro deporte y la importancia de encontrar al especialista adecuado es crucial, llevaba 4 semanas buscando al que me dijera el origen del problema.

Con esto solo quiero reconocer el esfuerzo que ha hecho mi cuerpo ¿se imaginan correr con un cuello rectificado? Hasta hice maratones y no es ninguna hazaña, pero otra vez, escuchen a su cuerpo, correr no siempre es la causa de las lesiones. ¡Somos más fuertes de lo que pensamos! Sigamos con las terapias, solo son dos semanas más. Lo importante es la actitud con la que uno enfrenta estas cosas, eso también lo aprendí corriendo y lo sigo entrenando. Hay una emoción escondida por ahí que todavía tengo que resolver.

Las investigaciones han demostrado que los atletas siempre tenemos una capacidad de reserva física cada vez que corremos, lo que nos detiene es la sensación de sufrimiento. Así me pasó a mí.

¿Se han lesionado así?

Nos seguimos leyendo

Sonia Chávez

@sonitachavez

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