Estoy entrenando para mi próximo maratón. Va a ser la 5a vez que yo corra 42k pero la primera vez que lo haga con nuevos paradigmas.

Tengo 25 años corriendo y soy de la generación que empezó a correr cuando no había este boom por el running, ni esta necesidad o presión por “demostrar” en redes sociales que somos poderosos. Yo nunca me preocupé por el tiempo hasta que empecé a entrenar en la Ibero y ahí sí me pedía tiempos mi querido coach, Fabrizio Chamor. Sin embargo, el programa de entrenamiento era tan divertido y desafiante a la vez, que me volvían loca de gusto mis dos horas de entrenamiento que no me importaba cruzar la ciudad aún de noche para llegar a la pista a las 6:00am.

Pasaron los años, dejé la pista y seguí participando en carreras de 10k y 21k (ya perdí la cuenta). Un día, después de haber sido directora de la revista Sport Life, el destino me llevó a ser la directora del título más importante del running a nivel mundial que había llegado a México: Runner’s World. Asumí la dirección sin haber corrido un maratón y empecé a sentir la presión por hacer uno. Para mi, ser corredora no implicaba ser maratonista porque yo me hice en la época en que los maratones eran para unos pocos. Y de pronto escuchaba: ¡cómo es posible que no hayas hecho maratones! Y empecé a ver las estadísticas de maratonistas a nivel mundial y descubrí que los mexicanos teníamos más prisa que otros corredores de otros países por correr un maratón. Obviamente, también estábamos en los primeros lugares de deserción y de lesionados.

Intenté hacer el primero en 2008 y me fracturé el tobillo faltando 2 semanas para correrlo. Era Nueva York. De todos modos fui a presenciarlo porque cada año tenía que ir a trabajar a NY y vi la llegada a la meta de Paula Radcliffe, me emocioné tanto que me prometí correrlo muy pronto. Fue la primera vez que era consciente de que yo misma había provocado ese accidente, ¡tenía miedo! Miedo al qué dirán, a la presión de ser la directora de una marca y ¡no hacer un buen papel!. Pasó el tiempo y en 2011 lo intenté por primera vez en Nueva York. ¡Me fue increíble! Mi debut fue hermoso, aunque llegué enojada a la meta por haber hecho algo que otros 49,999 corredores igual que yo también habían conseguido, ¡creo que se habían vaciado todas mis reservas de glucógeno!, a los 5 minutos dije que no volvería a correr un maratón pero una hora después de haber terminado, estaba planeando el otro.

Y como muchos, me enganché. Vino Chicago, Palma de Mallorca y Berlín dos veces. Los planes personales los dejé a un lado para correr maratones y cumplir con el crecimiento de una revista que me apasionaba dirigir. Mi cabeza no estaba convencida y lo hacía más por “demostrar” que sí podía, que ya era parte de ese selecto grupo de corredores: los maratonistas. Sin embargo, no era suficiente y ahora debía correr más rápido. El ritmo de vida no me daba. Ya era mamá y no me quería perder el crecimiento de mi hija, tenía un esposo, 2 perras, ¡quería disfrutar a mi familia! El estrés profesional era alto y ahora me exigía como corredora cuando eso había sido mi hobbie desde los 15 años, me había vuelto influencer de marcas (apenas se usaba ese término) y debía cumplir con mi rol familiar. Y por si no era suficiente, decidí lanzar mi proyecto personal a escondidas: Soy Corredora. El estrés aumentó y me quitaron la vesícula. ¡Obvio nunca bajé mi tiempo en maratones! Me harté.

Cuando hice el último maratón, Berlín 2014, adidas me invitó a correrlo por ser la directora de la revista pero también para llevar a una seguidora de Soy Corredora. Faltando dos días para subirme al avión me corrieron de mi trabajo gracias a que había creado Soy Corredora. Con miedo, nervios, enojo y todo el escándalo que eso genera, lo terminé como pude. Es mi peor tiempo de maratón pero la mejor llegada a la meta de la mano de Agustín, un corredor mexicano que me acompañó todo el trayecto con una singular y alentadora plática, ¡nunca había llegado con la bandera de México a la meta!. El apoyo de adidas nunca lo voy a olvidar. Ahí decidí no volver a correr maratones.

Pero como si la vida se quisiera burlar de mi, en estos 3 años enfrenté otros maratones: volverme emprendedora y todo lo que implica, la incertidumbre y el riesgo no solo de dinero sino de mi reputación como profesional y de mi crecimiento emocional, no es lo mismo estar cobijada por una compañía que volar sola sin ayuda de socios. Por fin pude ser mamá por segunda vez después de dos abortos espontáneos. Cambié mi residencia para vivir entre dos ciudades y subirme a los aviones varias veces al mes para estar en lo que considero importante; y al final, perdí a mi papá pero me despedí de él, le agradecí lo que me dio y lo dejé ir en paz.

Cada vez que quería superar esos pequeños maratones, recordaba los sentimientos que provocan el disparo de salida, la pared y cruzar la meta. Correr maratones me enseñó a entender que nada es para siempre, que todo se acaba. Y revivir esa certeza es maravillosa.

Ahora estoy entrenando para el Maratón de Nueva York de la mano de Fer Salazar Coaching. Ha sido muy diferente. Tengo tiempo para entrenar como se debe, para estar con mi familia, la comunidad de Soy Corredora creció muchísimo pero siempre le voy a guardar un cariño muy especial a mi querida Runner’s World, la revista que me dio mis primeros 4 maratones. Hoy me siento muy orgullosa porque me voy junto al equipo #Road2NY de Soy Corredora, el equipo que se ganó el viaje al maratón patrocinado por Mazda de México y el apoyo de marcas como Asics y TomTom.

Antes pensaba que correr maratones era una forma muy cruel de demostrarnos a nosotros mismos que podíamos hacer algo, hoy sé que la vida me puso otros “maratones” para que le diera el verdadero valor a la vida y a los maratones que corro. Por supuesto que quiero correr más rápido, quiero ir al Maratón de Boston (planeo ser la corredora más viejita que lo haga) y quiero seguir corriendo maratones, pero ya no me dan miedo, ya superé el dolor y el drama que les puse sin que me lo pidieran, pero tampoco soy adicta a ellos. Me gusta el reto de hacerlos porque sé el esfuerzo que implica para el cuerpo. También sé que si entrenas, te haces chequeos médicos, vas al psicólogo, sigues el plan de la nutrióloga y eres flexible ante lo que no puedes controlar, la experiencia puede ser maravillosa. Porque a mi, los 4 maratones que llevo me han servido para entender que depende de uno cómo quiere cruzar la meta.

Así me olvidé del dolor y el miedo al maratón, dándole su lugar, el de un gran maestro para la vida personal. El tiempo que haga es importante para mí y las explicaciones de mi rendimiento me las doy a mi misma, ya no pienso en lo que dirán los demás, eso no lo controlo yo y no quiero esa responsabilidad.

Soy Corredora porque para mi lo más importante es correr, sin importar el lugar, la distancia ni el ritmo.

Nos seguimos leyendo.

Sonia

@sonitachavez