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Hace tiempo, que el café ha sido reconocido por ciertas funciones benéficas como aumentar nuestra concentración, contrarrestar la fatiga y mejorar la capacidad de procesar la información visual cuando se consume en una cantidad moderada, es decir,  de 2 a 4 tazas de café al día (lo que equivale a aproximadamente 300 mg de cafeína).

Recientemente, el café ha sido sujeto de gran cantidad de investigaciones científicas para poner en evidencia su impacto en la salud humana. Así, hoy se sabe que la ingesta moderada de esta bebida tiene beneficios a la salud no atribuibles exclusivamente a la cafeína, sino en adición a otra serie de compuestos funcionales, todos ellos con actividad antioxidante.

Un hallazgo relevante sobre los antioxidantes naturales del café, es que mantienen su función independientemente del método que se elija para prepararlo. Tanto la variedad de café Robusta, como la Arábica, de cualquier origen, presentan capacidad antioxidante la cual no se pierde aún después de 28 días de almacenamiento.

Los antioxidantes son importantes porque actúan en el organismo para la prevención de enfermedades crónico-degenerativas como el cáncer, la diabetes tipo 2, entre otras y para retardar el envejecimiento celular. Por ello, ingerirlos a partir de la dieta es de vital importancia para mantener una buena salud. La manera en la que actúan en el organismo es evitando que las sustancias relevantes para las funciones celulares, se oxiden y pierdan su actividad positiva. Estudios en poblaciones han demostrado que alrededor de 80% de la enfermedad cardiovascular, 90% de la diabetes tipo 2, y aproximadamente 30% de los cánceres podrían prevenirse por un cambio en la dieta y en el estilo de vida, ya que esas enfermedades crónicas tienen como causa primaria, el denominado estrés oxidativo.

La cafeína que tiene actividad inhibitoria sobre la formación de tumores, puede absorberse rápidamente en el estómago y distribuirse en todos los tejidos; el cafestol y el kahweol inducen la producción de sales biliares, incrementan el movimiento intestinal evitando que se acumulen compuestos de putrefacción y además, estimulan la activación en el organismo de un sistema de desintoxicación de aquellas sustancias que pueden producir cáncer; el ácido clorogénico y el ácido cafeico, ambos con propiedades antioxidantes. Del ácido cafeico se ha encontrado que posee actividad antitumoral y anti-inflamatoria.  Después de la cafeína, son los ácidos clorogénicos, los antioxidantes más abundantes en el café a los que se atribuyen funciones neuroprotectoras.

Así, el café se constituye como una de las bebidas que mayor protección antioxidante provee al organismo, por ejemplo una taza de café proporciona de 200 a 500 mg de antioxidantes, contribuyendo de manera importante a la ingesta de estos compuestos por la dieta.

La actividad antioxidante del café es más eficiente que la de la cocoa o el té negro, en cuanto a retardar la oxidación de ciertas sustancias como el colesterol de baja densidad, mientras que la cafeína tiene una mayor acción que la vitamina C para neutralizar los radicales libres que desatan los daños por oxidación.

Consumiendo aproximadamente media taza de café es suficiente para proveer al organismo de la Ingesta Diaria Recomendada de vitamina C y E. Por otro lado, se estima que bebiendo de 4 a 5 tazas de café al día, se cubriría 64% de la capacidad antioxidante total requerida. Con la actividad antioxidante del café, beber de 2 a 4 tazas al día parece favorecer la salud cardiovascular,  el consumo de 2 tazas de café al día reduce 40% el riesgo de cirrosis  y de 3 a 5 tazas de café al día disminuyen 76% el riesgo de cáncer de hígado. También el consumo habitual de café, se ha asociado con la reducción de riesgo de cáncer de riñón, cáncer colorrectal y cáncer de mama y con la reducción del riesgo de padecer diabetes tipo 2.

Por todo lo anterior, incluir en nuestra dieta diaria el consumo de café aportará beneficios a nuestra salud, no solo para mejorar el rendimiento sino como un buen antioxidante.

Información proporcionada por Nescafé y la Dra. Ruth Pedroza, Ingeniería en Alimentos, Universidad Iberoamericana.