Soy Maguie Quintero Petris y correr ha sido una parte importante de mi vida desde que era niña. Inicié en clases de atletismo a los 8 años, pero después las abandoné cuando cursaba la preparatoria porque prefería irme al cine, a las fiestas de quinceaños y luego a antros que ir a entrenar, sin embargo, retomé mi hábito de correr a los 22 años.

Antes del Maratón de Chicago de este año, hice el Maratón de Berlín en 2015 y había sido un maratón que me trajo mucha satisfacción, lo disfruté sin pensar en el tiempo que podría hacer y al final acabé con 3 horas con 9 minutos. Para ese maratón había hecho distancias los sábados y claro, mis típicos entrenamientos en caminadora a altas horas de la noche.

Regresando del viaje tuve que dejar de entrenar casi dos meses por la carga en las piernas y mi sinusitis, que siempre sale después de algo tan agresivo.

En febrero de este año, hice el medio maratón de Guadalajara en 1 hora con 30 minutos y 33 segundos y ese tiempo junto con el del maratón de Berlín, me despertó el interés en mejorar en algún otro.

Sin embargo, siempre me ha costado trabajo seguir instrucciones de un entrenador o métodos comunes para llegar a un resultado, la mayoría de las veces me dejo guiar por mi propio sentido, que quizá no sea lo más recomendable, pero así lo había hecho desde que retomé la corrida en 2013.

Así fue hasta un día que me puse a platicar con José Ramón Cerna, el coach del 3klan, un equipo de triatlón. Intercambiamos algunas ideas y le planteé mi nueva meta: un sub 3 horas en el maratón. Estuvo de acuerdo conmigo y definimos al Maratón de Chicago como el mejor para ese objetivo. Desde marzo iniciamos el entrenamiento, primero fijando una meta en un 10K y después en un medio maratón.

Cuando me preguntaban por mi próximo récord en 42K ¡no quería decirlo a nadie!, ya que esto te genera compromiso o presión y muchas veces el mismo nervio te traiciona el día de la carrera, así que poco a poco fui ganando confianza conforme cumplía mis objetivos. 

El medio maratón lo hice en San Diego en junio pasado, ahí la mayoría de los factores me beneficiaron, como lo fueron la altimetría, el clima lluvioso, mis piernas me respondieron y llegué a la meta muy feliz con nueva marca personal de 1 hora con 23 minutos y 42 segundos.

Una vez recuperada de esa carrera, a mediados de junio inicié el entrenamiento ahora sí enfocada en el Maratón de Chicago, por lo que traté de apegarme al plan que me habían puesto, con sesiones de pista los miércoles, que se convirtió en el día más pesado de la semana, (literal se me cerraban los ojos en la oficina). Por más que pensaba: “hoy de verdad no haré tan rápidas mis repeticiones”, no lo lograba porque me ganaba mi espíritu competitivo y siempre terminaba dejándolo todo, pero a final del día me daba gusto y quedaba satisfecha.

Algunas veces me costó trabajo que mi entorno familiar y de amigos entendiera que había hecho un compromiso conmigo y aunque sí me gusta mucho salir de fiesta, también disfruto lograr lo que me propongo y aún así, aunque saliera por las noches me despertaba a entrenar o me iba a alguna carrera, con mucho coraje llegando dentro de los primeros lugares cuando era el caso.

Fue a partir de ahí cuando empecé a concientizarme y a hacer mejoras generales. Lo primero fue mi alimentación, según yo dejé de comer tanta carne, después recapacité y en realidad solo la disfrazaba con tortillas (¡amo los tacos!), aumenté mi consumo de verduras, mas carbohidratos, más proteína. También incluí masajes descontracturantes y terapias para mis piernas por lo menos unas dos o tres veces al mes, ya que la carga que les estaba metiendo iba incrementando.

Mis viernes empezaron a cambiar con respecto a los meses anteriores, prefería ver películas con mi novio y cenar sushi en lugar de ir al antro, ya que los sábados tocaba distancia.

Fue difícil encontrar compañía para esos entrenamientos largos porque todos tenían diferentes carreras a las cuales enfocarse, y yo empecé a exigirme un ritmo más rápido que en otras ocasiones, sin embargo, hubo buenos amigos que se aventuraron y me acompañaron varios kilómetros.

No siempre estuve pensando en el sub 3 horas, también disfruté mi entorno, una buena plática mientras corro, un amanecer rosa, comida con muchísimas calorías (a este ritmo todo se va a quemar), unos cuantos tequilas para relajar los músculos o ¡mínimo que te quiten el estrés!

Empecé a recibir apoyo de diversas maneras para mejorar mi rendimiento en la corrida, como cuando me pedían retroalimentación, esto me empezó a generar confianza, ya mi opinión como atleta empezaba a ser tomada en cuenta y era parte importante en su proceso de mejoras.

Debo reconocer que en años anteriores me daba una mini depresión días antes de mi cumpleaños, pero este año no fue así, me festejé una semana después y a pesar de que estaba a dos semanas del Maratón de Chicago, ese día lo empecé corriendo 30K y el cansancio no fue un limitante para mí, me recargué de energías y buenos deseos y eso sirvió para disfrutar a mi gente, familia, amigos y para relajarme.

Unos 10 días antes del maratón empezaron a salir dolores que no tenía: fatiga en algunos músculos, sueño y hambre a todas horas. Lo del apetito no es algo malo, me gusta mucho comer, solo que procuraba consumir alimentos sanos y algunas no tan sanas, muchos postres e hidratación. Eso sí, la carne roja la evito una semana antes del maratón y dejé de tener cargas de entrenamiento intensas como las que habían tenido semanas previas.

El viernes 8 de noviembre llegué a Chicago acompañada de dos amigas que les encanta comer bien, por lo que nuestros principales planes fueron comer, expo, maratón y comer más, “pura gasolina para el maratón”, pensaba.

Llega “EL DÍA”, todo estaba en orden, yo estaba mentalizada a que no tenía por qué ser diferente a un entrenamiento de distancia, ya solo iba por la medalla, y es que ¡había esperado tanto tiempo para ese día! 

Llegué a mi corral, en el que los demás corredores en verdad se veían experimentados, ya ni suéter traían y yo llevaba cargando una sudaderita que me había dado mi mamá para aguantar el frío. Ya estaba dentro del corral 7 minutos antes del disparo, nunca había escuchado cómo mencionan a los Elite, eso se me hizo muy padre, aunque no fuera yo, uno se pone muy sensible en esas fechas y pues todo te da gusto.

Empezó el maratón, salí muy rápido, como siempre, según yo para agarrar mi lugar, pero ahí ya era mi lugar. No hay gente que estorbe, son gente con experiencia, saben controlar su ritmo, vi cómo mi Garmin iba desfasado en distancia y decidí no voltear a verlo, solo me iba a dejar llevar por la gente, que al parecer traían un ritmo mucho mejor que el mío.

A partir del kilómetro 25 empecé a sentir mucho cansancio y poco a poco me fui yendo más despacio, experimenté como una crisis. Reaccioné en el kilómetro 35 y dije: ¡no más! Me había preparado tanto para estar ahí que no era momento de aflojar, entonces apreté mi paso de ahí hasta la curva final… me hubiera encantado cerrar como en otros eventos, pero ya había dejado todo lo que traía.

Y sí… ¡llegué en menos de 3 horas! ¡Logré mi meta personal! Hice 2 horas 58 minutos.

Ahora soy un poco más consciente de mis áreas de oportunidad y de fortaleza, me siento muy feliz y seguiré trabajando al respecto.

Maguie Quintero Petris

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