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Una pisada fuerte, que se escucha mucho al correr, no es correcta y podría traerte problemas de lesiones y desequilibrios musculares. Cuando corras, lo ideal es que tu pisada se escuche poco o casi nada, es decir, que parezca que vas volando. Si por el contrario, es demasiado ruidosa lo único que consigues es que aumente el impacto al correr y aparezca más pronto la fatiga muscular.

¿Cómo resolverlo? Es simple. Haz un trote tranquilo de 30 segundos para detectar que tanto se escucha tu pisada. Después camina otros 30 segundos y vuelve a trotar pero ahora con la espalda erguida pero aventando un poco el tronco al frente, haciendo fuerza en abdomen, sin correr de talón y aterrizando la parte frontal con mucha suavidad. Repite este trabajo varias veces hasta que consigas dominar la postura correcta al correr.