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Mi nombre es Linda Arriaga, tengo 39 años y me gustaría contarles mi historia como corredora.

Padezco artritis Reumatoide (AR), la cual es una enfermedad degenerativa incurable pero controlable. Causa inflamación, rigidez y dolor crónico de articulaciones y en ocasiones, hasta de órganos.

Es un padecimiento donde el sistema inmunológico del cuerpo erróneamente identifica células saludables como células invasoras. El resultado: el cuerpo manda anticuerpos a atacar estas células saludables y ocasiona dolores intensos incluyendo deformación de los huesos, entre otros.

La primera vez que sentí los síntomas fue en el 2011, empecé con un ligero dolor en la muñeca, fui al doctor y me dijo que probablemente sería túnel metacarpiano, me mandó hacer estudios, lamentablemente no tuve oportunidad de hacérmelos porque dos días después tuve un accidente al bajar de un taxi, resbalé con aceite de coche y terminé con esguince de tobillo de 3er grado.

Estuve de incapacidad casi 4 semanas, en ese lapso, me dieron medicamentos y antiinflamatorios los cuales escondieron otros síntomas de algo más grave pues no sentía dolores hasta que llegó la hora de ir a las terapias físicas para rehabilitar mi tobillo. Cuando fui al hospital sentí dolores en los hombros, lo asocié a que no estaba acostumbrada a las muletas y después en el otro tobillo y la intensidad del dolor aumentaba. El fisioterapeuta me dijo que no era normal y me envió a medicina interna.

Pasó un mes para que me dieran la cita y en ese lapso mis síntomas se agravaron hasta que una mañana desperté  y ya casi no podía moverme, sentía inflamación, dolor y rigidez espantoso, le pedí a mi madre que me llevara a urgencias, me hicieron estudios y no salió nada, solo me dieron calmantes y regresé a casa.

A la media hora se terminó el efecto de los medicamentos y empecé con los dolores más fuertes. Fui a ver a un médico particular, tardé media hora en llegar de mi casa a la esquina porque no podía caminar para tomar un taxi y ver al reumatólogo. Me hicieron estudios y el doctor me dijo:

“lo que tu padeces se llama Artritis Reumatoide, no te vas a morir todavía, no te preocupes, con medicamentos puedes tener una mejor calidad de vida, esta enfermedad es degenerativa, lo que está mal ya no tiene remedio, eso sí, ya no podrás caminar como antes, sugiero que compres una silla de ruedas y….”.

Desde ahí no recuerdo que más me dijo porque mi cerebro no registró nada más, solo pensaba cómo podía ser que una enfermedad me llevara al grado de no poder ni lavarme los dientes. Pensé que todo estaba en contra mía, empecé a sentir rencor por todo, ¿qué sentido tenía la vida si no podría caminar en poco tiempo? ideas suicidas rondaron por mi cabeza, pasaron dos días en los cuales no deseaba ni comer, no podía ni abrir la boca, sentía dolores en los pulmones y ya no pude levantarme de la cama, me inyectaron cortisona por orden del doctor.

El seguro de gastos médicos no valía para mi enfermedad, además acababan de cambiar de aseguradora en el trabajo así que me dieron en toda la torre. Dejé de trabajar y mi ex, al saber que estaba enferma, me dejó todo colapsaba. Más me hundía.

Pasaron meses, no hubo mucho mejoría, se me cayó el cabello, los medicamentos eran fuertes y me provocaron molestias en el estómago como gastritis, mareos, vómitos y la cortisona me hizo hincharme más, casi no se me veía las corvas y mis ojos estaban casi cerrados, no deseaba ni ver a la gente, lloraba todo el tiempo, comía de estrés.

Un día me cayó el veinte, me puse las pilas para bajar de peso. Fui con una nutrióloga, me restringió de muchas cosas con lo cual pude bajar de los 115 que ya casi pesaba a 104 kilos. Bajaron un poco los dolores y para agosto que era mi cumpleaños, decidí regalarme un tiempo y paz a mi espíritu.

Mi ánimo empezó a mejorar y una noche cuando iba en un taxi rumbo a casa, miré a gente corriendo, haciendo ejercicio y eso me dolió, se veían felices. Al llegar a casa pensé que solo había de dos sopas: o dejaba que me cargara la fregada o moría intentándolo.

Al día siguiente me animé a irme caminando del trabajo al metro o hasta donde llegara. Fue espantoso, a los 10 minutos estaba llorando pero aun así, llegué al metro y tomé taxi. Volví a casa hecha pedazos, me tomé un calmante y hasta que el cansancio me venció, pude dormí.

Fue el inicio de una gran historia, pasaron los días y descubrí que podía caminar como un bebé, poco a poco fui aumentando la distancia. El dolor era insoportable, pero no me importaba, poco a poco mi cuerpo se fue acostumbrando.

Disminuyeron los dolores, baje más de peso y en mayo de este año vi que una amiga tenía fotos de medallas en su Facebook. Me llamó la atención y busqué en internet remedios, soluciones o curas para la artritis. Encontré un artículo de una chica española que padecía lo mismo, no podía creerlo ¿era una señal? Quería conocerla, ella superó su artritis y hacía maratones.

Me sentí inspirada y entré a la página de Total Running y vi las carreras. Encontré una que decía “caminata”. Al otro día y sin pensármelo fui a inscribirme, era la caminata Probosque de Chapultepec y sin saber ni cómo ni que hacía, salí con mi inscripción bien contenta y con toda la confianza que podría hacerlo.

Pasaron los días y empecé a investigar cómo correr, no tenía ni la más mínima idea de cómo hacerlo. El día que recogí el kit me cayí el veinte de lo que estaba haciendo y le avisé a mi familia, casi les da el infarto, ¡además no tenía ni licras ni tenis! Compré unas en el Bodega y mis tenis viejos y vámonos.

Llegó el 31 de mayo, esa noche ni dormí de la emoción, desde las 3 de la mañana estaba levantándome. Desperté a mi familia y apurándolas porque seguían infartadas. Cuando llegué, lo que vi no lo podía creer, era mucha gente y tenía mucha emoción. Pude terminarla, me costó mucho esfuerzo y completamente diferente a lo que hacía, vas más rápido pero llegué a la meta cansadísima y feliz y eso que eran 3 km pero con el espíritu firme.

Esos corredores dejaron huella en mi, me transmitieron el gusanillo del running y en julio hice otra carrera: El Pandaton de 6 km. Compré una inscripción para Global Race Bimbo y empecé a trotar con fuertes dolores musculares y de artritis pero me los aguanté, ¿que podía perder si ya la artritis estaba regada en mi sangre?

Empecé caminando y trotando sin entrenador ni nada, no sabía a quién decirle pues nadie daba un peso por mi. Caminaba un km y trotaba como 100 pasos, al poco tiempo era al revés, trotaba un km y caminaba 100, le fui aumentando poco a poco. Hice Camina Masaryk con dolores y pude comprar unas zapatillas de corredora (que no me arrepiento, son magnificas).

Eso me dio más felicidad, después hice la carrera Global Race y ¡la troté! Llegó la carrera de Avon, seguí entrenando y ya llevo 3 meses en el gym. ¡Hice 7 km en la de Star Wars! Sigo corriendo, llevo 10 carreras en este 2015, algo que jamás imaginé. Esta navidad quiero cerrar el año con 10 km, un nuevo reto es el 31 de diciembre, ¡la carrera de San Silvestre!

Camino y estoy trotando pero sobre todo puedo hacer mis cosas, valerme por mi misma. No pasa día que no de gracias a Dios, a la vida por esta segunda oportunidad, me siento bendecida por  haber servido para inspirar a las personas que padecen alguna enfermedad. Quiero correr más, mi ilusión y meta es hacer un Spartan, un medio maratón el año que viene y el Maratón de la Ciudad de México y quien sabe, ¡algún día el maratón de Nueva York!

Tendré que ahorrar mucho y entrenar para costear mis gastos o conseguir un patrocinio o botear,  pienso que hay personas que no pueden tener acceso a un tratamiento o terapias y me gustaría hacer algo al respecto.

Miro atrás para ver todo lo que he logrado y pienso que mi enfermedad sirvió para que mucha gente pueda estar bien, por mi parte hice una página en el Facebook que se llama Corriendo para vencer la Artritis Reumatoide Gala Power, esperando que con ello se pueda ayudar a más personas, que vean que no están solas, que todo se puede lograr, que hay dolor al principio pero al final sirve para hacerte más fuerte.

Toda una Guerrera Runner

Linda Aurea Arriaga

#GalaPower